SEMANA   

 

Orientación: Recuerda que esto es para prepararte para consagrarte a la Virgen María, por lo mismo es importante que la invoques con asiduidad y que sea la Madre tu modelo y tu guía en este camino.

 

TEMA:

Aprender cada día a vivir nuestra Cruz como María.   

 

Te damos un texto bíblico que es el que marcará la semana:

 

Evangelio según san Juan 19, 25-27

 

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

 

 

Texto de Juan Pablo II

 

La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo (RM 45)

 

Durante la semana al texto del Evangelio acompañarás con un salmo:

LUNES

SALMO 16 (15)

MARTES

SALMO 40 (39)

MIERCOLES

SALMO 59 (58)

JUEVES

SALMO 69 (68)

VIERNES

SALMO 86 (85)

SABADO

SALMO 146 (145)

DOMINGO

SALMO 91 (90)

UNA ORACIÓN:

 

Padre, en tus manos me pongo,

haz de mi lo que quieras.

Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.

Estoy dispuesto a todo,

lo acepto todo,

con tal de que Tu voluntad se haga en mí

y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,

y es para mi necesidad de amor el darme,

el entregarme entre tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tu eres mi Padre.

O BIEN:

Señor Jesús, reconozco que soy pecador y te pido perdón

por todos mis pecados. Gracias por morir en la cruz por mis pecados

y resucitar de los muertos para darme vida eterna.

Te invito a entrar a mi corazón y rindo mi vida a Ti

para que seas mi Señor y Salvador. 

Gracias por perdonar mis pecados y por darme vida eterna. 

Toma el control de mi vida. 

Hazme la persona que Tú quieres que sea.”

O BIEN:

 

Madre nuestra amorosa,

tu que, en la pasión de tu hijo,

viste con los ojos de la fe,

lo que a los ojos de los hombres era

el Amor de Dios destrozado por el pecado.

Tu que ante los hechos no perdiste la esperanza,

tu que fuiste puente entre la Pasión de tu amadísimo

y su Gloriosa Resurrección, a sabiendas de que:

NO HAY AMOR MAYOR DEL QUE

DA LA VIDA POR SUS AMIGOS…

 

Aunque la oscuridad visite nuestro camino,

y sofoque nuestras débiles linternas,

haz que el brillo de la mañana

sea para nosotros fuerza en cada día, y…

aunque la Cruz pueda arrojar sobre nosotros una sombra

que de momentos parece demasiado grande y oscura,

intercede ante Dios nuestro Señor para que

permanezcamos bajo la Cruz como tú,

para que la mañana de la resurrección

nos encuentre firmes en la fe. Amén

PROPROSITO SEMANAL:

 Es tener un recuerdo frecuente del misterio de la cruz, permaneciendo junto a María.

 

Otra lectura:

 

¿Cómo explicar, cuál es el alcance de este magnífico

regalo de última hora que Jesús ofrece a la Humanidad?

Para una exacta comprensión tenemos que decir, en

primer lugar, que la escena y las palabras —he aquí a

tu hijo, he aquí a tu madre— son algo así como signos

sacramentales: significan algo y producen (realizan) lo

mismo que significan.

Por eso Jesús realiza un hecho concreto y sensible

y establece un nexo jurídico: Juan consideraría a María

como Madre y le daría lo que un buen hijo adulto da a

su madre: cariño y cuidado. Y María, a su vez, consideraría

a Juan como hijo y le daría lo que una buena madre

da siempre a su hijo: atención y amor.

Este era el hecho, el signo diríamos, que Jesús concretó.

Pero no todo termina aquí. Al contrario, aquí comienza

todo. Este «gesto» sensible contiene, latente y

palpitante, una intención: abrir su eficaz significación

y proyectarla sobre una perspectiva sin fin en cuanto al

tiempo y en cuanto a la universalidad.

En Juan, el Señor daba a todos a María por Madre

en un sentido mesiánico sobrenatural. Y recíprocamente

Jesucristo, en el presente episodio, declaraba y hacía a

todos los redimidos hijos de María.

Así como a Cristo no le interesaba primordialmente

instituir un contrato de derecho civil entre María y

Juan, sino originar y desarrollar entre ambos relaciones

materno-filiales, así, trascendiendo el marco personal,

Cristo quiere que se originen y desarrollen relaciones

vivenciales y afectivas entre María y... ¿quiénes? Según

el significado del término mesiánico, entre María y todos

los redimidos por la muerte redentora de Jesucristo. Dice

Gechter: «Dado que la Madre es una, pero los hijos muchos,

queda suficientemente claro que en Juan se

hallaban representados todos los que Jesús quería

redimir o todos los que, según el modelo de Juan,

habían de creer en El.»

Desde ahora y para siempre, todos los redimidos tenían

una Madre por expresa y postrera voluntad del Señor:

la propia Madre de Jesús. Nadie en el mundo, por

los siglos, podría quejarse de orfandad o de soledad en

la travesía de su vida. Esta interpretación agota satisfactoriamente

el significado total del texto y contexto de

Juan 19,25-28.

                            P Ignacio Larrañaga






 

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